Cuando su familia asumió la firmeza de Margarita, la enviaron a la casa de unos de sus tíos que tenían una hija religiosa de la Orden de las Ursulinas. Pero Margarita no sentía que fuera ahí, mediante una voz que decía:
«No es ahí donde te quiero, sino en Santa María.»
Una vez, viendo ella una pintura con la representación de San Francisco de Sales, entendió a través de aquella “mirada”, la llamada a las Visitandinas, en honor a La Visitación.En cuanto entró al locutorio del convento de Paray, oyó en su corazón un voz:
«Aquí es donde te quiero.»
Margarita ingresó en el Convento de la Visitación de Paray-le-Monial el 20 de junio de 1671, con la dote como regalo de su hermano y tomando el santo hábito el 25 de agosto de 1671. Dijo entonces:
«Mi divino Maestro me dio a entender que estábamos en días de nuestros desposorios, los cuales le daban un nuevo imperio sobre mí; en seguida me dio a conocer que, a imitación de los amantes apasionados, no me daría a gustar, durante este tiempo, sino lo que había de más dulce en la suavidad de las caricias de su amor».
El testimonio de una de sus connovicias, afirmaba que edificó a toda la comunidad «por su caridad para con sus hermanas, a las que jamás dijo una sola palabra que pudiese molestarles, y por la paciencia con que soportó las duras reprimendas y humillaciones a las que fue sometida con frecuencia».
Como anécdota, sentía repugnancia hacia el queso, y aunque pidió expresamente a las hermanas que no le obligasen a comerlo, por obediencia tuvo que comer queso. Algo que ofreció como sacrificio por poco más de diez años. Otra anécdota digna de mención, fua. El recelo de sus hermanas, incluyendo a sus superioras, a lo que el Señor le dijo:
«Di a tu Superiora que te haré más útil a la religión de lo que ella piensa; pero de una manera que aún no es conocida sino por Mi. Y en adelante adaptaré mis gracias al espíritu de la regla, a la voluntad de tus superioras y a tu debilidad, de suerte que has de tener por sospechoso cuanto te separe de la práctica exacta de la regla, la cual quiero que prefieras a todo. Además, me contento de que antepongas a la mía, la voluntad de tus superiores, cuando te prohíben ejecutar lo que te hubiere mandado. Déjales hacer cuanto quisieren de ti: Yo sabré hallar el medio de cumplir mis designios, aun por vías que parezcan opuestas y contrarias. No me reservo sino el dirigir tu interior y especialmente tu corazón, pues habiendo establecido en él, el imperio de mi puro amor, jamás le cederé a ningún otro.»
La Madre Superiora quedó contenta con la respuesta del Señor recibida por Margarita y pudo así hacer su voto deprofesión el 6 de noviembre, de 1672.
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-Tres armas para la lucha