1 / 2ARMAS DE LA LUZ

A raíz del legado de Santa Margarita María, y sus “tres armas para la lucha”, me he tomado la libertad de desarrollar para la comunidad de No More Idols, un poquito más estos conceptos con afán de que podamos utilizarlos como recursos contra el enemigo:No es extraño ver cómo en el catolicismo, el deseo de amar es un concepto fundamental que está vinculado al mandamiento central de Jesús: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente; y al prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:37-39). Pero lo más importante para nosotros, es entender que el amor es visto no solo como una emoción, sino como una virtud que refleja la naturaleza misma de Dios, quien es amor (1 Juan 4:8).Partiendo de esa base, y asimilando que Dios es amor, el deseo de amar en el catolicismo tiene la mayor importancia porque nos debe impulsar a los creyentes a vivir en coherencia con la voluntad divina, buscando una relación íntima y personal con Dios y extendiendo esa donación de amor a los demás. Me atrevo así a decir que amar a Dios es el propósito más alto de la vida humana, y que el amor al prójimo es la expresión concreta de su amor.Quizá cueste más entender que el amor, para un católico, está vinculado al concepto de sacrificio y entrega; en dar la vida por los hermanos, como Cristo hizo para con nosotros. Por ello, desear amar, se debe ver reflejado en acciones concretas, como rezar, ayudar a los necesitados, visitar a los enfermos, trabajar en la misericordia y el perdón y tantas otras que va uno descubriendo por el camino. La buena noticia en todo esto es que Jesús nos dice:“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.”Mt 16, 24-25.En cuanto a la Santa Obediencia, decir que es una virtud primordial que implica la disposición a seguir la voluntad de Dios, que es la verdad y las enseñanzas de la Iglesia, que es administradora de la verdad. Mi obligación moral es dar a entender que no siempre una autoridad legítima dentro de la Iglesia, tendrá la razón. No obstante, se considera un medio para alcanzar la santidad y crecer en la relación con Dios, ya que, al obedecer, se reconoce la confianza en el plan de Dios y él nos acompañará en la docilidad. Tampoco debe ser motivo de escándalo corregir a un sacerdote o catequista cuando lo que nos dicen, se contrapone a la Palabra de Dios, y siempre se puede pedir una segunda opinión. Así, la obediencia en el catolicismo no debe ser tratada como una sumisión ciega, sino como un acto de amor y libertad interior, siempre que se base en la confianza de que es lo que Dios tiene preparado para nosotros.En cualquier caso, para que cualquiera pueda entenderlo mejor, el que obedece (se dice…) no se equivoca.Otro modo de verlo es siguiendo los pasos de Nuestro Señor Jesucristo, que es el ejemplo supremo de obediencia, y se sometió a la voluntad del Padre incluso hasta su muerte en la cruz:2 / 2 La Cruz, “eso” me hace pensar cada día y que me hizo escribir mi libro “La llave del Celador”. Sin lugar a duda, la Santa Cruz ocupa un lugar central en el catolicismo, siendo un símbolo poderoso de la salvación y el sacrificio de Jesucristo. Es el instrumento de la redención, donde Cristo da su vida para liberar a la humanidad de la esclavitud y del pecado. El acto de la crucifixión de Jesús es el centro del misterio pascual, que incluye su pasión, muerte y resurrección. La cruz, por lo tanto, no solo representa el sufrimiento y la muerte, sino también la victoria sobre el pecado y la muerte misma. Es el signo de la esperanza y del amor de Dios.Es, bajo mi punto de vista, el perfecto recordatorio de nuestra salvación, de la alianza que hizo con nuestros padres y hace cada día con nosotros, de nuestra coparticipación en la vida y por tanto de la necesidad de vivir en unión con su voluntad y más que todo, y aunque no lo entendamos, del amor que nos tiene.La cruz tiene un papel visible en los templos, en nuestros cuellos, dentro de nuestros hogares, etc. que nos ayuda a dar testimonio del misterio, y de nuestra fe, que para un servidor, forma parte también del misterio.Además de todo lo anterior, es para mí, el arma perfecta porque en nuestra cruz, es donde nos encontramos con Cristo. Así repetía el papa Francisco: “Ni Cristo sin cruz, ni cruz sin Cristo”, algo que hemos tratado de tener muy presente en nuestra marca de ropa y que intentaremos hacer llegar lo más posible a todos los que nos quieran acompañar en este camino, lleno de tribulaciones. Permanezcamos así, unidos en oración.

Redactado por Juan Avellano.

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